Abro los ojos, veo mi reloj, noto que son las 12:34 p.m. y me siento bajo los efectos del alcohol o alguna sustancia ilícita. Quizás este en el mas profundo de mi sueños. Mis sentidos aun no responden. Estoy tirado en el suelo en una pequeña habitación sin mucha iluminación, solo con una pequeña y antigua lámpara que apenas iluminaba. La lámpara estaba encima de un mueble tipo escritorio. No hay nadie en la habitación, no recuerdo como he llegado aquí. De un momento a otro me entró un miedo que me congela de pies a cabeza. Me levanto suavemente para no hacer tanto ruido, ya que el piso, al ser de madera, puede producir un sonido muy agudo; quiero ser lo mas sigiloso posible. Mientras camino a la única puerta, tambaleante por mi estado, observo a un costado un tipo de ventana, la cual esta tapada por fuera. Me acerco a ella y trato de abrirla con mucha fuerza, pero no logro mi objetivo. Mi mente se puso en blanco, comienzo a sentir un olor a cenizas, un fuerte dolor en el pecho me hace caer desvanecido al suelo, perdiendo por completo la conciencia. ¿Que me prepara el destino? Me molestan las preguntas que se me vienen a la cabeza, creo estar loco. Bueno, lo estoy un poco.
De a poco, ese fuerte olor a cenizas empieza a disminuir notablemente, ahora siento una leve brisa marina, la cual me recuerda a alguien, aquella mujer bella de mis sueños más profundos. De lejos veo como se mueve su hermoso pelo negro rizado, quiero acercarme a ella. Mientras me acerco a paso lento pero firme, me siento mas libre, siento que puedo volar, una felicidad recorre mi cuerpo. Mientras mas me acerco a ella, ese sentimiento crece. Me detengo bruscamente, estoy a 3 pasos de ella, y creo que no me ha visto. Pronuncio su nombre dulcemente, pero creo que no me escucha. Ojala no me este escuchando, prefiero eso a saber que no me quiere ver. Pronuncio de nuevo su nombre, pero esta vez un poco mas fuerte, sin dejar ese tono de melancolía, pero no da resultado. Está mirando el horizonte, como si espera algo, o quizás alguien. Pero no me doy por vencido, me acerco a ella, trato de ponerme de frente. Al alzar la mirada hacia ella, con una cara humilde de cansancio, como si no hubiera comido de hace días, veo su rostro. Su rostro, tan hermoso como siempre, esos ojos negros penetrantes, los que me hacen soñar y me hacen sentir en otro mundo. Creo que no me toma en cuenta, ella sigue perdida mirando el horizonte, el oscuro horizonte. Quiero decir su nombre, pero la voz no me sale. Quiero tocar su hombro, pero no me siento quién para hacerlo. Mejor dejarla en paz, creo que se ve feliz aquí. Decido alejarme de ella, con una lagrima vaga que recorre mi cara, como si buscara donde perderse. Quiero cerrar los ojos y volver a mi realidad, pero ¿A cual?, No lo sé. Finalmente decido dejarla tranquila, no quiero interrumpirla. Me alejo de ella suavemente. Quisiera que pronunciara mi nombre con su hermosa y dulce voz de ángel, llamándome, pero no creo que lo haga. Me encamino a la oscuridad, en busca de nada. Miro hacia atrás y ella ya no estaba. Sigo caminando, recordando su hermoso rostro, su aroma a flores, su mirada perdida.
Creo que nada tiene sentido, no se cómo ni dónde acabaré. La incertidumbre se apodera de mí. Aquella felicidad que sentí al momento de estar cerca de ella, acabó por completo.
Sigo caminando por la oscuridad, y no encuentro nada. Solo me estoy perdiendo en mis propios pensamientos. ¿Qué seguirá ahora? Me gustaría despertar y vivir como una persona normal, desechar algunos pensamientos para poder vivir en paz, pero no creo que lo logre.
Me pregunto donde estoy, veo todo oscuro, como si tuviera los ojos cerrados y no viera absolutamente nada. Al fondo veo una pequeña luz, y decido acercarme a ella, quizás sea el camino de vuelta a la realidad.
Solo es una puerta abierta, pero decido entrar, antes de quedarme solo en este lugar oscuro y solitario. Mientras entro, recuerdo nuevamente a ella.
Me pregunto por que la habré dejado sola en ese lugar. Decido volver donde ella. Creo que me he aprendido bien el camino, no habrá problema alguno en encontrarla.
De lejos la veo, está donde mismo, mirando hacia el mismo lugar. Siento nuevamente su olor a flores en primavera, y aquella sensación de felicidad que recorre todo mi cuerpo. Estoy decidido a enfrentarla. Mientras me acerco, siento que mi cuerpo se desvanece lentamente, pero no puedo caer aquí, necesito estar al lado de ella. Los ojos se me cierran, pero igual sigo caminando, un poco nervioso pero decidido.
Estoy a dos pasos de ella, y me siento con un cansancio terrible. Se puede notar en mi cara una leve sonrisa de satisfacción al lograr ponerme al lado de ella. Quiero mirar su hermoso rostro, pero tengo la vista nublada.
¿Que me estará pasando? No me interesa, estoy bien aquí con ella, quisiera estar por siempre en este lugar, junto a ella. Así poder cuidarla, y observarla por siempre, sin que nadie me lo impida. Me parece una buena decisión. Mi pulso está bajando, siento lentamente como mi sangre pasa por mis venas. Creo que necesito descansar, el cuerpo me está fallando.
Cuando logre despertar, y mi vista esté mejor, le hablaré. Primero pensaré bien lo que le diré. Le hablaré sobre su belleza, lo que pienso de ella, le contaré historias, entre otras cosas, aunque se que no me mirará ni me dirá nada.
Espero poder despertar pronto, como veo, llevo mucho tiempo en estas condiciones, y no logro abrir los ojos. Apenas siento el latido de mi corazón. ¿Será el final? El final en mi ya está plasmado desde que comencé. Solo quiero abrir los ojos, decirle algunas palabras y poder morir tranquilo. Pero no logro despertar. Por primera vez me doy por vencido, ya no puedo hacer nada, solo arrepentirme.
¿Esto es el fin? No se siente mal después de todo. ¿Que hubiera sido de mi si no hubiera regresado por ella? No lo sé y no lo quiero pensar. Me tocó esto y lo debo aceptar. Ya no hay nada que hacer. Ahora solo soy un alma vaga que ronda en el vacío.
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